martes, 17 de junio de 2008

Solsticio de Verano

A L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.

En muchas partes del mundo en Tenidas Fraternales HH.·. Masones se reúnen alrededor de los días 21 y 22 de junio de cada año.

Desde mi personal punto de vista esto lo hacemos emulando a los primeros humanos pobladores del planeta, que elevaban su vista al firmamento, escrutando los misterios escondidos de la naturaleza.

Ellos buscaban una respuesta a fenómenos como el de la duración del día y de la noche, como el de los cambios climatológicos experimentados con cada estación del año, como el de los ciclos lunares, como el del fuego producido por la descarga eléctrica del rayo sobre los árboles, luego de la luz del relámpago, y muchos otros más.

Esos hombres intuían la extraordinaria influencia que el astro rey ejercía sobre sus propias vidas, sobre la de los demás seres y entes que existían en las entrañas del planeta, sobre su superficie, en el aire y en los mares, en fin, sobre la tierra y su satélite natural. Ya imaginaban la íntima relación del Sol con los elementos tierra, aire, agua y fuego.


Sólo dos veces al año el plano del ecuador coincide con el plano de la eclíptica y por consiguiente, el círculo de iluminación coincide con cada meridiano, propiciando un día de doce horas y una noche de doce horas. Estas fechas se conocen con el nombre de equinoccio. En México en la pirámide denominada El Castillo en Chichen Itzá, en estas fechas alrededor de las cuatro de la tarde los rayos solares van descendiendo escalón por escalón dibujando el cuerpo de una serpiente que remata en la cabeza esculpida de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, exponiendo el extraordinario avance cultural y astronómico de los mayas.

Tres meses después del equinoccio, los rayos solares forman un ángulo de 23 grados y 27 minutos con el plano del ecuador y los días y las noches alcanzan su máxima desigualdad, estas fechas se conocen con el nombre de solsticios, que etimológicamente quiere decir sol detenido, el cual durante estos días parece detener su aparente carrera.

En otras palabras, entre el 21 y 22 de junio el Sol está más cerca del trópico de Cáncer, es decir, alcanza su máxima altura en el horizonte, aparentando quedarse quieto antes de empezar a bajar y produciendo el día más largo y consecuentemente la noche más breve del año. En este día la luz alcanza su plenitud.


Los dos solsticios marcan así la división del ciclo anual en dos mitades, una ascendente y otra descendente, que reflejan de alguna forma la Ley Universal de todo lo que sube baja, y el principio hermético de como es arriba es abajo y que representan las dos fuerzas (ying-yang, inspiración-expiración, masculino-femenino, positivo-negativo) que realizan en ciclo completo, pero también los dos puntos en que se detiene el movimiento y por lo tanto el tiempo, que en el fenómeno solsticial se refrenda con lo que inversamente sucede en el hemisferio boreal y austral y que en este mismo Templo está representado en el piso ajedrezado (entre muchos otros símbolos).


Los solsticios son momentos con universalidad patente y de cuya celebración tenemos el testimonio de festividades exóterico-religiosas y en algunos casos, una aproximación esóterica, traducida en símbolos y ritos, que de forma general representan el drama de la muerte y resurrección del Sol.

Nuestra Augusta Orden, como legítima heredera de la Tradición Primordial, hace suyas esas especulaciones en torno al cosmos, al logos, al universo entero, interpretándolas simbólicamente y modelándolas en la Logia Masónica. Así, el Sol es un símbolo masónico de gran importancia.

De esa forma, la Astronomía en el Grado de Compañero Masón es objeto de estudio preferente, como una de las artes y ciencias liberales, analizando a los planetas junto con los doce signos del zodíaco (doce columnas que enmarcan el Templo Masónico) que marcan los ciclos y los ritmos del universo y del hombre.

Nuestros rituales de apertura nos indican que así como el Sol se sitúa en el Oriente para iniciar e iluminar el día, el Venerable Maestro está situado allí para abrir su Logia e ilustrarnos con sus Luces y conocimientos en Francmasonería. Asimismo, con relación a las luces menores se indica que así como el Sol gobierna el día y la Luna la noche, el Venerable Maestro preside y gobierna su Logia.
De esa forma para la Masonería, los solsticios, son dos festividades especiales, las de los Juanes, uno en cada solsticio. En hebreo Juan es Yohohanan que significa “misericordia de Dios” y “alabanza de Dios”, misericordia por la vía descendente y alabanza por la ascendente.

La figura de San Juan es tan relevante que figura en la respuesta a la primera pregunta del Retejo del Grado de Aprendiz que dice ¿de dónde venís? a lo que se responde: de una Logia de San Juan. Asimismo, en Sudamérica el V.·. L.·. S.·. se abre en el primer grado en el Evangelio de San Juan.

Específicamente con relación al Solsticio de Verano, se le relaciona directamente con San Juan Bautista, a quién se le atribuye en la Masonería la ciencia de la escuadra y del nivel, útiles imprescindibles para que los cimientos de toda construcción se encuentre perfectamente allanada y encuadrada, simbolismo que se refiere claramente al trabajo de rectificación que cada uno debe ejercer consigo mismo, rememorando el momento de nuestra Iniciación Masónica en el que en la Cámara de Reflexiones confrontados con los símbolos de la muerte y del lema hermético VITRIOL (Visita el Interior de la Tierra y Rectificando Encontrarás la Piedra Oculta), procedemos a redactar nuestro testamento masónico.